jueves, 3 de abril de 2014

Enseñanza Doméstica

La importancia de enseñar a nuestros hijos las labores domésticas.



Tuve una infancia feliz y afortunada, no me puedo quejar. Mis padres sin alardes ni riquezas nos dieron todo lo que necesitamos,  cuidaron de sus hijos con esmero y nos atendieron casi como unos principitos, sin serlo, claro está.


Entre los muchos cuidados que recibía en casa estaba el de ser atendida por una empleada doméstica (a veces dos) que nos tenia la comida preparada, la casa limpia y la ropa bien lavada y planchada.


En mi casa nunca tuve que hacer nada, ni me lo pidieron, mucho menos, exigieron.  Pero tampoco me enseñaron a hacer ninguna de las tareas domésticas.
Eso fue muy cómodo, pero lo que mis padres no pensaron es que ese tipo de sociedad no duraría para siempre y que los tiempos cambian, y los hijos tienen que estar preparados para todo.

No me avergüenzo de decirlo, pero cuando llegué a este país era una inútil doméstica.

La primera vez que le preparé una comida a mi marido, en ese entonces mi novio, la quemé, y eso que ya antes de achicharrarse no sabía a nada.

Hasta el día de hoy no plancho, y no por floja, sino porque cada vez que lo hago queda la pieza peor que cuando salió de la secadora.

Tampoco sé pegar un botón, o subir una basta, ni qué decir de cómo interpretar una receta de repostería.

A mis hijas, las atiendo, las cuido con esmero y, al igual que mis padres, procuro que no les falte nada, pero no quiero que crezcan sin ser conscientes de que el trabajo doméstico es importantísimo.

Por eso desde ya les estoy enseñando lo básico de la cocina, a recoger su habitación  y limpiar si ensucian, todo en la medida de sus posibilidades.

No quiero que lleguen a la edad adulta sin tener las herramientas para resolver las tareas de la casa y que se acostumbren a vivir de cualquiera manera, solo por no saber hacerlo.

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