sábado, 24 de abril de 2010

LA PERLA DEL GRAN SILENCIO

Enseñaba Jesús que el mercader encontró un tesoro y fue y vendió todo para comprar el lugar donde estaba el tesoro y así quedarse con él. El Reino de los cielos es semejante a un negociante que busca buenas perlas. Hay hombres que van buscando lo mejor, que van buscando por el mundo, encuentran una perla, preguntan cuanto vale, es mucho, quisieran comprarla pero no tienen lo suficiente. Venden todo lo que tienen para comprar esa perla. Nuestro mercader no busca cualquier perla, busca de lo mejor. Este mercader es Cristo por que no es que nosotros busquemos a Cristo, Cristo nos busca a nosotros. Nosotros estábamos perdidos, y Cristo nos encontró, amó nuestra alma, nos vió como perlas finas, se detuvo y miró algo en nosotros. El es el mercader que busca buenas perlas.
A veces pensamos que nosotros somos ese mercader de que habla la Biblia. .Pero no puede ser por que nosotros no buscamos a Cristo y no tenemos como pagar el reino de los cielos; no tenemos con que comprar el Reino. No es por méritos dice la biblia que somos salvos, ni por méritos obtenemos el perdón ni el amor de Dios. Es Cristo quien mirando desde arriba, nos vio a nosotros, entre el lodo, perdidos y vio al hombre sucio por afuera, inutilizado por afuera, pero por dentro un alma de un valor invaluable, una perla que El quiso comprar a cualquier precio.
No hay otra cosa que al Señor le llame la atención más que tu alma. Para el Señor tu alma vale más que los Ángeles. Dios nos valora más que a los ángeles porque El no vino a perdonar los ángeles caídos, vino por nosotros, los hombres, los que estamos perdidos. Vino tras los que están hundidos en drogas, los que están en prostitución, en adulterio, los alcohólicos. No valoró lo externo, no miro los harapos que teníamos, sino que Dios mira más allá de nuestro pecado, más allá de nuestras debilidades. El vió en nosotros la perla y quiso comprarla para El.
A veces no valoramos ese precio que pagó Cristo y vendemos nuestra progenitura por un plato de frijol, nos dejamos engañar y no valoramos lo que Cristo hizo. No es oro ni plata lo que pago. La Biblia dice, mío es el oro y la plata y no pudo pagar con eso nuestra salvación. ¿Que miraría Jesús que no se detuvo cuando lo abofetearon, cuando lo escupieron, cuando lo insultaron? Pero nosotros estamos oyendo que no valemos nada, que no somos nada. Valemos mucho, para el mundo no valdremos, pero para Dios valemos por que grande es el precio que El pago por nosotros. Valemos mucho delante del Señor. No le demos la espalda, no dudemos que El pago un precio que nadie hubiese pagado por nosotros, solo Cristo nos ama tanto, solo Cristo lo da todo por ti y por mi. Se dió a si mismo, no dejó nada, todo por amor a nosotros.
Habiendo pagado ese precio, ¿tú crees que nos va a tirar por cualquier cosa? ¿Tú crees que nos va a abandonar? El dice con todo, aunque tu padre y tu madre te dejaren yo no te abandonaré por que vales mucho delante de mis ojos.
Cristo no tenía suficiente dinero para comprar lo que costábamos usted y yo. No podía comprarnos con una estrella, sino hubiese pagado ese precio. Cristo no dudo en dar todo lo suyo para comprarnos. Dice en Filipenses, se despojó a si mismo tomando forma de siervo y fue a la cruz dispuesto a morir por nosotros. El se despojo de todo, de su condición de Dios, de su reino. Todo lo que tenía lo dió y vino a pagar con su sangre y por ese sacrificio podemos alabar y adorar a Cristo Jesús.
En Getsemaní Cristo suplicó, preguntó al padre si había otra manera, pero también se sometió, también se dispuso a pagar el precio para que nuestras almas no se perdieran en condenación sino que tuvieran una salvación eterna
Demos gracias a Jesús por que nos vio como perlas finas. Sabes donde se encuentran las perlas, dentro de conchas que no son bonitas, que están en el fondo del mar. Allá están en medio de las rocas, no son atractivas, no todas las conchas tienen perlas, ahí están en el fondo del mar, en medio de rocas, de piedras, sin ningún atractivo, feo por afuera, como el mundo nos ve, ese no sirve, ese es un perdedor, pero Jesús descendió al fondo, hasta lo profundo y puso los ojos en lo de adentro, el Señor sabía lo que había adentro, no la carne que el mundo desecha, lo vil y despreciable del mundo escogió Dios para levantarlo como pueblo santo, como pueblo redimido. ¿Para que usamos las perlas? para lucirlas, para embellecer.
Nosotros somos las perlas que Jesús luce. El mundo decía que no servíamos, el mundo nos llamaba frustrados y Jesús nos muestra como su trofeo, como su tesoro, pueblo santo para anunciar las maravillas del Señor. Valemos para la gloria de Dios, valemos lo que el mundo no aprecia, consagremos nuestra vida, limpiémonos. Luzcamos como perlas para adornar el cuerpo de Cristo, para adornar la iglesia del Señor. Jesús nos ha sanado, el Señor ha hecho algo grande en nuestras vidas.
No menospreciemos ese precio. Si sentimos que no podemos, si sentimos que no valemos, recordemos que Cristo nos invita a comer en el banquete que Dios de la gloria nos ha servido. Cristo nos ha dado la salvación y todas las cosas que lo glorifican. Valemos para Dios, somos salvos delante de los ojos de Dios, busquémoslo, agradezcamos esa salvación y no nos dejemos engañar y no nos dejemos confundir. Valemos precio de sangre para Dios.
Versión libre del texto de la enseñanza del Pastor Jorge García, La Perla de Gran Precio, estuche Sabios Ignorantes, en radio Kali 900 A.m. todos los días de lunes a viernes de 8 a 9 A.m. Usted puede obtener todo el mensaje y el estuche llamando al tel.323 589 5282 y al hacerlo esta además subsidiando este programa y Radio México.

No hay comentarios:

Publicar un comentario