sábado, 24 de abril de 2010

EL ME TRANSFORMO

Yo nací en un hogar tradicional donde se rezaba el rosario y teníamos comunión diaria a las cinco de la mañana con mis padres. Cuando termine mis estudios secundarios entre a la universidad y como no había dinero para seguir estudiando, decidí viajar a New York, trabajé muy duro y al cabo de seis meses regrese a Colombia, contraje matrimonio con la madre de mis hijos, con quien teníamos noviazgo desde la infancia. Regrese a New York, trabajaba duro, pero también tomaba mucho. Comenzaron los problemas con mi esposa por culpa del licor y mis infidelidades. Me involucré en drogas, comencé a transportar droga, en diferentes lugares de New York. En uno de esos movimientos de droga cae uno de “mis amigos” y me culpa. Un día saliendo del trabajo me intercepta un policía de narcóticos de New York y la fiscalía me ofrece pena de prisión de veinte años de vida. Me vengo a California y caigo en la misma situación: seguí bebiendo, siendo infiel, distribuyendo droga. Me manejaba muy mal con mi esposa; mis hijos veían todo el tiempo el mal trato a la madre. Abandoné mi hogar y estuve huyendo por quince años de las autoridades de New York.

En 1999 un día, llamó a mi casa y mi hija me dice que un detective de New York, de narcóticos, me está buscando. Yo pienso que no era de narcóticos sino un ángel, porque un detective viene y me agarra, sin más. No se pone a avisarme. Creo que fue así, porque un hermano en Cristo, había estado hablando conmigo e insistiéndome que el tenía una persona que me podía ayudar. El sacaba pedazos de la Biblia y me los colocaba en el bolsillo. Yo los encontraba pero no le hacía caso. El seguía orando e insistiendo y casi al mes, finalmente, con tanta insistencia, diciéndome que él conocía una persona que me podía sacar del problema y que esa persona era Jesucristo, yo finalmente, cansado de huir, acepté ir con él. Me llevo a su iglesia y en un momento dado comprendí que todo estaba cerrado, que no había otra solución, que debía aceptar al Señor. Cuando el detective vino yo ya me había entregado al Señor.

A pesar de mi mal comportamiento, mi esposa y mis hijos me ayudaron a conseguir un abogado aquí. A pesar que no me ofrece nada, decidí presentarme a las autoridades en Diciembre de 1999. Mi familia me ayudo económica y espiritualmente. Y con una mano en la biblia, mi hijo me acompañó hasta la Estación de policía y allí me pusieron preso. A las dos horas me presentaron ante un juzgado. El fiscal hace los cargos y me llevan a la cárcel del condado. Allí había un grupo de hermanos, me uní a ellos, estudiábamos diariamente la Biblia, orábamos. A los quince días fueron funcionarios del sistema carcelario y me dijeron que no me podían ofrecer ningún beneficio de reducción de pena y me dijeron que no había nada que hacer, pero yo sabía que Jesús si estaba haciendo algo por mí. Continúo orando, ayunando, doblando mi rodilla, clamando por esa sentencia. Llegó el momento de la sentencia y yo iba preparado. Yo sabía que a mi lado iba mi abogado terrenal pero también mi abogado espiritual, Cristo Jesús.

En esa audiencia, ya no estaba el jurado, no estaba el fiscal, solo estaba el juez y me dijo, ye voy a mandar tres años a la prisión. Yo inmediatamente acepte porque yo sabía que eso no era obra de nadie más que del Señor. El había convertido veinte años en solo tres. Pero mi fe me decía que algo más grande iba a pasar.
Inmediatamente fui mandado para una cárcel del estado. Allí me involucre en un programa de rehabilitación de drogas, me dedique a la oración a pedirle al Señor que me cuide, me pula. A los 345 días de estar ahí, eran las doce de la noche, se prenden las luces del dormitorio, dicen mi nombre y me dicen que me iba para la casa. Era un momento de alegría, era un momento de Gloria de Dios, una sentencia de 20 años, Dios la convirtió en el camino para perfeccionar mi salvación. Regreso a California y me acerco a una iglesia cristiana. Mi relación con mi esposa no es muy buena, pero yo tengo la fe que el señor hará la obra completa.

Con el pasar del tiempo, consigo trabajo y en las vacaciones viajo a Colombia y con el apoyo de una iglesia local visito la cárcel municipal de Santa Rosa de Cabal en Risaralda y comparto con ellos mi testimonio. Un año después ya fui con el pastor de mi iglesia y visitamos a los internos y pudimos ver la gloria de Dios actuando cuando el pastor invito a recibir a Cristo y la salvación que El nos ofrece y que pago con su sangre, casi cincuenta internos aceptaron el llamado y se convirtieron. Fue un momento sublime. Un largo camino desde aquellos días habían servido para que otros conocieran a Jesús y su mensaje de salvación. Se que Dios obro por medio de mi pastor y de la congregación que en Santa Rosa de Cabal me acogió y me apoyo incondicionalmente y todos, dejándonos usar del Señor, pudimos ver su poder transformador.

Espero que este testimonio le sirva a usted, donde este, cualquiera que sea su situación, tenga presente que hay una luz, un camino, una esperanza, Cristo Jesús. Si este mensaje llega a tu corazón, no lo endurezcas, dale una oportunidad, deja abierta esa luz de esperanza, que Cristo Jesús hará lo demás. Solo repite conmigo, Señor Jesús te acepto como mi salvador, me arrepiento de mis pecados. Creo en ti, creo que te sacrificaste en la cruz para el perdón de mis pecados. Eres el dueño y Señor de mi nueva vida y te pido que escribas mi nombre en el libro de la vida. Acércate a una iglesia donde se predique la palabra de Dios, la Biblia.

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