Deberíamos contar mas las bendiciones que tenemos cada día. Cada despertar, el respirar. El poder compartir con alguien un día más. Muchas cosas que tenemos y que podríamos detenemos a valorar. Ese trabajo que nos da el abrigo, el techo y el sustento, ese descanso que repara nuestras fuerzas, esa sonrisa amiga de nuestros hermanos en la Iglesia, esa dedicación de los Pastores y Líderes que nos iluminan el camino y alimentan nuestro espíritu. ¿Cuántas veces al día decimos gracias por todo eso?
Cuando comenzamos a valorar lo que tenemos y dejamos de mirar hacia adentro, hacia nosotros mismos, hacia nuestras necesidades. Algo maravilloso ocurre en nuestras vidas; surge la inquietud por un propósito, por ser útiles, por servir. Y crece la fe en un propósito divino, en la conciencia que para Dios somos Sal y Luz. Somos testimonio de la Gracia de Dios. No escondamos nuestro fulgor, reflejo de la gloria de Dios, no perdamos la salinidad, no acallemos nuestro testimonio que habla de la inmensa misericordia de Dios.
Somos la luz del mundo. Es una verdad sencilla y contundente. No necesita interpretaciones, ni explicaciones. Así de simple, nacimos para reflejar la gloria de Dios, para dar testimonio de todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Y al hacerlo afectamos nuestro mundo, influimos en nuestro alrededor, cambiamos. Eso es lo que Cristo quiere de nosotros. Que reflejemos su Gloria.
Por eso además de brillar con luz propia, en Cristo Jesús, debemos optimizar esa luz uniéndonos, congregándonos, juntándonos como Iglesia para dejar que el mundo vea la buena semilla. Y así, juntos, podemos afectar nuestras circunstancias, nuestras vidas, la vida de nuestras familias, de nuestra comunidad, de la nación, de los pueblos y del Reino de Dios. ¿Cómo es eso posible?
Dando testimonio de su inmensa obra y como nos sigue cambiando y de la seguridad que tenemos que El no cesará de terminar en nosotros la obra que comenzó hasta perfeccionarla.
Obedeciendo sus preceptos, su propósito en nuestras vida. Solo si leemos la Biblia, oramos, escuchamos las enseñanzas de los pastores y oramos podremos conocer de Dios, eso es sabiduría, y alejarnos de lo que nos desvía del Camino, La Verdad y la Vida, eso es inteligencia. ¿Estamos siendo obedientes? ¿Nos estamos uniendo?
El congregarnos y colaborar conjuntamente es algo que Jesús resalta incesantemente. Yo soy la vid, dice Jesús, ustedes las ramas, una extensión. Si permanecemos en El, produciremos mucho fruto espiritual. Dios quiere una relación íntima con cada uno de nosotros y también con todos nosotros como templo de Cristo. El nos está hablando y tenemos que escucharlo, tenemos que acallar las voces y las circunstancias que no nos permiten escuchar su voz. Tenemos que impactar a otros a través de una relación fuerte con Cristo.
Por eso es importante asistir a la Iglesia, acercarnos a Dios íntimamente y al templo que El construyó para nosotros. Esto debe ser una prioridad trascendental en nuestra vida y así lo enseña la Biblia. Jesús se congregaba permanentemente (Lucas 4,16), es una necesidad del Cristiano reunirse y confortarse (Hebreos 10;25). Dios puede usar al pastor, a un líder, a un miembro de la Iglesia o cualquier otra circunstancia allí en la Iglesia para hablar a nuestras almas.
También cuando vamos a la Iglesia estamos fortaleciendo los lazos de hermandad y fortaleciéndonos, animándonos, apoyándonos los unos a los otros, como Dios quiere que sea. Además estamos dando ejemplo a nuestros hijos, a nuestros vecinos, a nuestra comunidad. Estamos dando testimonio. Estamos iluminando otras vidas. Estamos obedeciendo a Dios y estamos siendo Luz del Mundo.
Todos tenemos una historia que contar. Dios a todos nos cambio. Jesús nos rescató sacándonos de situaciones, de vicios, de lugares donde nos sentíamos hundidos y perdidos. Los testimonios causan mucho impacto en otros porque ellos nos conocieron, ellos vieron como Jesús nos cambió. Es importante contar nuestra historia y por ese medio ejercitar nuestra espiritualidad, vigorizarla.
Unidos en grupos, células, en estudios bíblicos, podemos orar. La biblia nos anima a orar juntos, a interceder unidos por los necesitados, por los enfermos. El poder de la oración is ilimitado y la intercesión es un instrumento poderoso que Dios puso en nuestras manos y como Iglesia podemos y debemos usar.”
Esta es una transcripción libre de la enseñanza del Pastor, Iglesia First Family Church.
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