Es muy importante señalar cuál es el objeto de la comunicación. No se trata simplemente de que todas las partes sepan lo que los demás piensan, sienten o quieren. Los padres deben tener un propósito intencional en su relación con los hijos. Porque son los responsables de la formación integral de sus descendientes y porque van a gozar o sufrir por los resultados de su tarea.
Los padres son, o deberían ser los mentores, los maestros, los enseñadores iniciales y prin-cipales de los hijos. Ellos son los que forjan el estilo de vida que sus hijos asumirán una vez que llegan a ser responsables de sí mismos. Visto de esta manera, la comunicación que sale de los padres debe ser plena de conocimientos, de consejos y de sabiduría. Dada la competencia con todos los otros ins-trumentos contemporáneos como el teléfono, las redes en línea, con toda la gama de atractivos y seductores componentes que tienen, los padres deben aprender a ser hábiles en comunicarse en una forma viva e interesante.
Ya no es suficiente ponerse de pie y declarar que uno es quien manda y dirige la familia, sino que estamos viviendo tiempos cuando en muchas maneras se tiene que luchar fuertemente para atra-er la atención de los hijos y lograr convenserlos de que toda nuestra intención es ayudarles a que les vaya bien en la vida y alcancen grados altos de satisfacción y felicidad.
Vemos que entonces, el padre de familia debe prepararse para realizar su tarea. Es necesario que aprenda. La razón principal de que hay tanta desorientación en los niños y los jóvenes, es porque sus padres nunca se especializaron “profesionalmente” para serlo. Cursos breves y algunas sesiones de consejería es todo lo que tienen a su cuenta, pero la verdad es que el trabajo requiere de peritos, reclama altos niveles de compromiso y de consagración. Si no hay escuelas para padres, necesitamos recurrir a los libros, a los buenos libros escritos al respecto, visitar la biblioteca de la ciudad o buscar ayuda de los que han tenido éxito en su trabajo formativo de los hijos.
Los padres son, o deberían ser los mentores, los maestros, los enseñadores iniciales y prin-cipales de los hijos. Ellos son los que forjan el estilo de vida que sus hijos asumirán una vez que llegan a ser responsables de sí mismos. Visto de esta manera, la comunicación que sale de los padres debe ser plena de conocimientos, de consejos y de sabiduría. Dada la competencia con todos los otros ins-trumentos contemporáneos como el teléfono, las redes en línea, con toda la gama de atractivos y seductores componentes que tienen, los padres deben aprender a ser hábiles en comunicarse en una forma viva e interesante.
Ya no es suficiente ponerse de pie y declarar que uno es quien manda y dirige la familia, sino que estamos viviendo tiempos cuando en muchas maneras se tiene que luchar fuertemente para atra-er la atención de los hijos y lograr convenserlos de que toda nuestra intención es ayudarles a que les vaya bien en la vida y alcancen grados altos de satisfacción y felicidad.
Vemos que entonces, el padre de familia debe prepararse para realizar su tarea. Es necesario que aprenda. La razón principal de que hay tanta desorientación en los niños y los jóvenes, es porque sus padres nunca se especializaron “profesionalmente” para serlo. Cursos breves y algunas sesiones de consejería es todo lo que tienen a su cuenta, pero la verdad es que el trabajo requiere de peritos, reclama altos niveles de compromiso y de consagración. Si no hay escuelas para padres, necesitamos recurrir a los libros, a los buenos libros escritos al respecto, visitar la biblioteca de la ciudad o buscar ayuda de los que han tenido éxito en su trabajo formativo de los hijos.
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